Hijos de las masturbaciones y de la vanagloria

Arte por : María José Giraldo

Toda crítica carga la culpa de omitir, opacar y olvidar en el mundo de las palabras. Sabemos esto y celebramos nuestras omisiones y nuestros olvidos, a cuyo precio también procuramos recordar, poder crear y ver nacer nuevas valoraciones de lo que ha devenido petrificado (en la literatura, en la crítica misma, en la cultura), abrir campo a esquemas de comprensión distintos, hacer emerger disputas y celebrar a otros héroes; en últimas, permitir que la relación entre el lector y el texto, y aún más, entre el lector y la tradición, siga siendo movediza y abierta, inagotable. Ella, la única crítica que reclamamos, descubre e ilumina senderos hacia el futuro y hacia el pasado a condición de relegar otros a la penumbra, a una suerte de noche, de entierro. La reclamamos a ella y no a la aduladora de las letras apadrinadas por los terratenientes del mercado editorial, que se disfraza de "objetividad" y "buen gusto"; a ella y no al instrumento de las masturbaciones y de la vanagloria de unos cuantos.

Además de incluir la apostilla anterior, esta editorial tiene otra motivación inmodesta: presentar las recientes acometidas de Sombralarga. Hay nuevo número, que pretende salvar de las simplificaciones, las interpretaciones manidas, la ortodoxia y la corrección política, a nosotros y a los hombres que fueron y los que vinieren (amén). Hay nueva página, una casa finalmente terminada por cuyos caminos actuales, de crítica y discusión, no amanecen menos soles que entre los párrafos de poesía, cuento y novela. Hay nueva sección, que a fuerza de salir de un bolsillo y llamarse "Intempestivas", terminó por albergar los productos (letras, pero también fotos, músicas, videos) de pasiones imprevistas y sobresaltadas, así como a los amigos apasionados e imprevistos. Ella es la guarida constante de la crítica que se transforma y crece entretanto aparecen las ediciones periódicas de esta revista.

Finalmente, el compromiso crítico que le debemos a nuestro tiempo y el tiempo del que procedemos nos demanda ahora la tarea urgente de arrojar nuevas luces (así como otras sombras) sobre personajes, escenarios, sentidos y modos de interpretar la violencia, que ha teñido como nada nuestra historia, que no es nunca una y no es siempre la misma. En sus manos, pues, dejamos este número, el cuarto, dedicado a esa urgencia.

 

Comité editorial
Sombralarga, revista de literatura colombiana