Horizonte

Desde tu hogar has alcanzado
aquí, el Horizonte.
De un lado a otro
ahí vas.

De allí al siguiente
siguiente al siguiente
horizonte a horizonte
cada paso un horizonte.

Cuenta los pasos
y recuerda el número.
Recoge piedritas blancas
y hojas inquietantes.
Señala curvas
y acantilados alrededor
porque puede que los necesites
para regresar a casa.


Traición

Mi padre murió
protegiendo nuestro hogar,
nuestra villa, nuestro país.
Yo quise luchar también.
Pero somos budistas.
La gente dice que deberíamos
ser pacíficos y No-Violentos.
Así que perdoné al enemigo.
Pero a veces siento
que traicioné a mi padre.


Refugiado

Cuando nací
mi madre dijo
eres un refugiado.
Nuestra carpa en la carretera
se esfumó en la nieve.

Sobre tu frente
entre tus cejas
hay una R tallada
dijo mi profesora.

Rasguñé y froté,
hallé en mi frente
el ímpetu de un rojo dolor.

Tengo tres lenguas
la que canta
es mi lengua madre.

La R en mi frente
entre mi inglés y el hindi
se lee en lengua tibetana:

Rangzen


Tibetaneidad

Treinta y nueve años en exilio.
Y todavía no nos apoya nación alguna.
¡Ni una maldita nación!

Aquí somos refugiados.
Pueblo de un país perdido
ciudadanos de una no-nación.

Tibetanos: suministro de compasión mundial.
Monjes serenos y tradicionalistas efervescentes;
un lakh y varios miles en extrañeza,
bien mezclados, sumergidos
en diversas hegemonías culturales asimiladoras.

Para todas las oficinas y aduanas,
soy un “Indio-Tibetano”.
Mi certificado de registro,
lo renuevo cada año, con un salaam.
Un extranjero nacido en India.

Soy como un Indio
exceptuando mi rostro de achinado tibetano.
“¿Nepalí?” “¿Thai?” “¿Japonés?”
“¿Chino?” “¿Naga?” “¿Manipuri?”
Pero nunca la pregunta –“¿Tibetano?”

Soy tibetano
pero no del tibet.
Nunca he estado ahí.
Sin embargo allí
sueño morir.


Terrorista

Soy un terrorista.
Disfruto matar.

Tengo cuernos,
dos colmillos
y cola de libélula.

Forzado a huir de casa,
escondiéndome del temor,
salvando mi vida,
estallan puertas en mi cara,

justicia en negación constante,
la paciencia a prueba
en televisión, apaleado
frente a la mayoría silente
contra la pared,
de ese callejón
he regresado.

Soy la humillación
que te has tragado
con nariz achatada.

Soy la vergüenza
que sepultaste en la oscuridad.

Soy un terrorista
dispárame.

Miedo y cobardía
dejo atrás
en el valle
entre gatos maullantes
y perros saltarines.

Soy soltero,
nada tengo-
que perder.

Soy una bala
no pienso

de la coraza de estaño
me arrojo a esa excitante
vida en -2- segundos
y muero con el muerto.

Yo soy la vida
que dejaste atrás.


Mata a mi Dalái Lama

Mata a mi Dalái Lama,
que ya no pueda creer más.

Entierra mi cabeza
golpéala
desnúdame
encadénala.
Pero no me liberes.

En prisión
este cuerpo es tuyo.
Pero en el cuerpo,
solo mía es la fe.

¿Quieres hacerlo?
Aquí, mátame– en silencio.
Déjame sin aliento.
Pero no me liberes.

Hazlo otra vez,
si quieres.
Desde el comienzo:
Disciplíname
Re-edúcame
Adoctríname
enséñame artimañas comunistas.
Pero no me liberes.

Mata a mi Dalái Lama
y entonces
dejaré de creer.


Salutación Losar

¡Tashi Delek!

Aunque es un jardín prestado
creces, creces bien hermanita.

Este Losar
cuando vayas a misa en la mañana
reza una plegaria de más
para que el próximo Losar
podamos celebrar de vuelta en Lhasa.

Cuando vayas a las clases del convento
aprende una lección de más
una que puedas enseñar a los niños cuando regresemos al Tíbet.

El año pasado
en nuestro Losar dichoso,
me comí un desayuno Idli - Samblar
y escribí mis exámenes finales BA.
Mis Idlis no se quedaban
en mis tenedores de dientes metálicos
pero escribí bien mis exámenes.

Aunque es un jardín prestado
creces, creces bien hermanita.

Libera tus raíces
a través de los ladrillos,
piedras, azulejos y arena.
Despliega tus ramas ampliamente
y levántate
por sobre los elevados arbustos.

¡Tashi Delek!



Traducción de Jonathan Beltrán 

Tomados de: www.tenzintsundue.com