siempre había una barra cerca
seguía sus propias fases
se reducía como casi todo
volvía luego a recuperarse
y brillaba blanca en su jabonera.

agitada como una piedra en el puño
espumeaba, se hacía blanda:
se lavaron tanto caín como abel.

una vez olvidada, se desmoronaba
en esquirlas resquebrajadas de asteroides
aunque ahora reposa, húmeda y brillante
como algo que del fondo del mar
salió a la superficie, valioso por segundos,

y todos nosotros sentados a la mesa:
noche sin luna, manos perfumadas.

 

Traducción de Jose Castellanos
Tomado de: Jan Wagner, "Regentonnenvariationen", Hanser Berlin Verlag, Berlín, 2014.