Escenas de parque, 5

Los hombres que envejecen en los parques
alimentan a las aves con reverencia.

Para ellos son siempre recientes,
criaturas del espacio, no del tiempo.

Les encanta sobre todo
esa indiferencia en que viven,
el desparpajo con que se añaden al viento.

Sus manos tardías
semejan pájaros
en el breve movimiento
de arrojar las migajas de trigo.

Las palomas,
como los días,
acuden a picotear de sus dedos.

 


El amor abunda

Vivo en un país tropical.
El amor cae silvestre.
Lo veo caer sin afán.
Dejo que colme las calles y los andenes.

Mañana temprano
recogeré lo que quede de él
con una pala.

Sé que mañana en la mañana
el dolor no habrá acabado con todo.

Que pase el amor.

Yo lo veo pasar
tendido en la playa
como un turista.
Como si se tratara
de bandadas de alcatraces.

El amor
abunda.

El erotismo

El erotismo, la comedia, los fósforos.
Las voces, las formas, las llamas.

El velo cóncavo del paladar,
la aguda lengua,
las murallas abiertas de la risa.

El cuerpo humano, al fin,
nada más bello y negado.

El cuerpo femenino, rojo y negro,
rubio y azul aguamarina.

Los abrazos como red al aire,
el deseo como ancla,
el amor como lecho de agua
y los amantes como ángeles
reclamando y prodigando
favores mundanos.

 


Generación X

¡Oh juventud,
imaginas demasiado
muertes prematuras!

El mundo se nos sale de las manos.
Veníamos creciendo sin tregua y de pronto
resulta que el tiempo no avanza más, se atasca.

Ya no somos tan recientes,
no brilla tanto la juventud.
Imaginando futuro la juventud se amarga
y rota la fluidez del vivir
nos atrapa la proximidad de la muerte.

Y nos aísla más la ausencia de tant s buen s amig s
y te quedas sola, casa, madre, ciudad.
Poco tiempo, poco amor, poca paciencia entre manos,
el refugio del amor bulle de habitaciones separadas.

¡Oh juventud,
imaginas demasiado,
imaginas enfermiza
muertes prematuras!