15 años de En la parte alta abajo de Helí Ramírez

Por: Daniel Hernández

Arte por: R 2

Para muchos, el nombre Helí Ramírez es desconocido, para otros pocos, corresponde a un poeta de culto de los elevados bajos barrios de Medellín. Habrá quien tenga referencia de él por el cineasta Vítor Gaviria, quien reconoce que fue a partir de los poemas de Ramírez que descubrió ante sus ojos la Medellín que luego retrataría en sus películas: una ciudad periférica, de barrios de invasión y comunas de desplazados en donde la marginalidad cultiva en su precaria cotidianidad la mitificada imagen del sicariato y la violencia. En el libro En la parte alta abajo, publicado originalmente en 1979 de la mano de Elkin Restrepo, Gaviria encontró el lenguaje de lo cotidiano y de la barriada que Helí Ramírez capturó con la sensibilidad que sólo puede ofrecer una mirada que entiende y no ve como exótica la vida de la comuna. Esta imagen de jóvenes muchachos, hijos del campo antioqueño desplazados al barrio Castilla a mediados del siglo pasado, en condiciones marginales, precarias y destinados a enfrentarse constantemente con la violencia como un elemento más del día a día, es transformada por Gaviria en sus dos primeras películas. El cineasta replica el ambiente juvenil de la poesía de Ramírez para dar cuenta de cómo la misma situación, veinte y treinta años después, continúa en las elevadas comunas del norte de Medellín, con los agravantes que el continuo desplazamiento por la violencia y el tráfico de drogas suman con los años.

Recientemente, esfuerzos editoriales han vuelto a publicar al bardo antioqueño. Tragaluz publicó una antología que recoge poemas desde 1975 hasta 2011 en su colección Poemas Ilustrados, mientras que el Fondo editorial de Universidad EAFIT republicó “En la parte alta de abajo” en el 2012, para celebrar sus 15 años de creado. Este último libro cuenta, además, con el impecable trabajo de ilustración de Fredy Serna , quien a través de múltiples imágenes recrea los tejados y calles que se divisan a la distancia cuando se observan las laderas de las montañas que abrigan el Valle de Aburrá. La temática central del libro gira en torno a, como ya se dijo antes, la vida de los jóvenes del barrio Castilla, allá en los años sesenta y setenta. Imágenes de su cotidianidad, entre la parranda, el fútbol y los coqueteos, se entrecruzan con la criminalidad, la violencia sexual y física y la droga; temáticas igualmente cotidianas en las escenas de los poemas. Uno de los elementos magistrales de Ramírez y su poesía, es la ausencia de distancia que él como narrador establece en sus poemas. La mayoría de estos, como "Caballo de palo" o "Jugaba de alero", se componen de anécdotas en donde él existe dentro de la historia narrada, es partícipe de ella y, por ende, no mira con distancia los hechos que en esta ocurren. Es así, insertos en esa cotidianidad, en los poemas, como los hechos que para el lector distante a la violencia y la marginalidad, como la violencia sexual y el crimen, no alcanzan una connotación diferente a la de otros más aceptados, como el fútbol o el licor. De alguna forma, Ramírez evita el juicio moral de las acciones, así como hacer exótico el ambiente o los personajes; todos los elementos de sus poemas quedan camuflados en una aparente cotidianidad de un mundo que no es cotidiano para quien no ha vivido en ese escenario.

Es interesante establecer un paralelo entre la Medellín que describe Ramírez y la Medellín descrita por Fernando Vallejo en la aclamada Vírgen de los sicarios. En el número anterior, Paula Pinzón reseñó de forma adecuada esta obra, al mostrar que el narrador Fernando propone una mirada ahistórica de la ciudad, en donde el deseo de exterminio se personifica en sus amantes y en donde él como sujeto no responde por la realidad que lo circunda; por otro lado el crítico literario Héctor Hoyos en su artículo “El malditismo de Fernando Vallejo como espectáculo melodramático”, publicado en la revista académica Cuadernos de literatura, reflexiona sobre cómo Vallejo propone a partir de sus narradores una voz que produce un espectáculo subversivamente melodramático. Ahora, si reunimos estas dos premisas y se reflexiona sobre la imagen de ciudad construida en Vallejo, se puede encontrar un contraste interesante con el libro de Ramírez.

Helí Ramírez escribe sobre Medellín, al igual que Vallejo lo hace en su novela, sin embargo, la mirada del poeta es transversalmente opuesta a la del novelista. Si Vallejo construye un espectáculo melodramático y su narrador es decididamente ahistórico, Ramírez propone una poesía carente de espectacularidad o melodrama y llena de una profunda noción histórica. Vallejo narra a Medellín desde el valle, y elabora resueltamente una división casi eclesiástica; lo de arriba y lo de abajo, tierra y cielo, tierra e infierno, el valle y la montaña, la ciudad y sus afamadas comunas en las sierras. Se invierte el orden divino, en donde el infierno circunda la ciudad desde sus alturas de montaña y sin embargo de allí bajan los ángeles a redimir con la muerte y el silencio. Vallejo presenta un narrador que se niega a subir a las lomas, que las narra y mitifica desde abajo. Su única subida es cegada por la lluvia torrencial y la muerte de su compañero. Para Fernando, narrador, arriba está Metrallo, con sus ángeles sicarios, abajo la terrenal Medellín, con sus iglesias, taxistas y vallenatos. Él espera pasivo a los ángeles del cielo, que de forma espectacular descienden para limpiar el mundo. Helí, por el contrario, narra a Medellín desde el Picacho y el Volador. Su mirada se elabora desde la altura del barrio Castilla, con vista al río y demás lomas. Para su narrador el mundo de arriba no tiene tintes melodramáticos, espectaculares y mucho menos angelicales; su escenario es la parte alta –el abajo de la parte alta-. La vida del barrio es retratada desde la misma altura geográfica que el barrio mismo; es precisamente allí donde la cotidianidad es cotidiana; lo que a los ojos de Ramírez es mundano, para Vallejo hace parte de otro mundo.

 

 

Además de esto, es relevante señalar que en la poesía de Ramírez no existe la parte baja. Jamás hay una referencia a los sectores del sur de la ciudad, al centro o al río: la poesía de Ramírez es decididamente barrial. La poesía de Ramírez, que es quince años más antigua que el libro de Vallejo, muestra una relación inconexa entre la periferia y la ciudad. En sus poemas se ve un Medellín previo al sicariato, al narcotráfico y a la proliferación del lenguaje parlache; todos temas espectaculares y vistos como exóticos ante los ojos del gramático narrador en la obra de Vallejo. Sin embargo, en los poemas se ve cómo la condición marginal y la pobreza inclinan al surgimiento de criminalidad, drogas y la elaboración de un nuevo lenguaje que pueda apropiarse de esos elementos incipientes. Ramírez recrea una Medellín marginal, previa a la mediatización del narcotráfico, previa a los íconos del negocio y previa a la atención de la ciudad y del país mismo. Vallejo, por el contrario, aprovecha los imaginarios mediáticos originados por el narcotráfico y su lucha con el estado para elaborar un lenguaje mítico, exótico y melodramático. Ramírez da cuenta de una historia que nace de los elementos más terrenales, como el desplazamiento, la viudez, la orfandad y la pobreza; mientras que Vallejo la eleva a un registro eclesiástico en donde los subyacentes históricos están anegados en un imaginario del narcotráfico.

Por último, vale la pena referir a cómo el tono de la poesía de Ramírez surca un espectro a través del libro. Si bien los temas mencionados con anterioridad se ven presentes en todo momento, el tono narrativo se transforma. En un primer momento la poesía es mucho más narrativa; el tono conversacional y anecdótico enmarca el retrato de los jóvenes del barrio. Podemos seguir ciertos personajes que son recurrentes en las anécdotas, tales como Milin, Flaca, Zarco y Zardino. Entre las narraciones se percibe algunos rasgos distintivos así como el desarrollo de su sexualidad, su vínculo con las drogas y con el crimen. En una segunda parte, los poemas dejan de lado sus títulos para ser simplemente enumerados. Entre estos poemas hay un primer momento en el que la poesía de Ramírez pretende un lenguaje menos cotidiano; las imágenes son mucho más metafóricas y la estructura del poema menos narrativa. Sin embargo, el final del libro logra conciliar estos dos estilos. Si bien el registro metafórico continúa, los elementos anecdóticos reaparecen, principalmente en forma de flujos de consciencia que describen recorrido por el barrio o imágenes diversas de la cotidianeidad del mismo.

Recomiendo enormemente asomarse a la poesía de Ramírez; su voz, además de ser supremamente extraña en medio de una tradición poética nacional resueltamente conservadora, ofrece una mirada profundamente reveladora sobre el vínculo entre la marginalidad y la violencia urbana. Pocos como este autor nacido en Sevilla, Antioquia, en el desdichado 48 y migrado a Medellín por causa de la violencia, tienen una obra con tanto por revelar sobre la ciudad y sus lomas más elevadas. Celebro el esfuerzo realizado por la Universidad EAFIT por rescatar este libro así como el de la editorial Tragaluz por recopilar un apartado de su obra; ojalá en años venideros podamos disfrutar de su obra completa.

Publicación: Medellín, 2012
Editorial: Colección Ediciones EAFIT
Formato: Rústica 17 x 24 cm
Páginas: 154
P.V.P: $ 45.000