Perro sin dientes no muerde. Imágenes de Gaitán en el billete de 1000 pesos

Por: Juan Biermann

Arte por: AuH

Rostros y rastros en el billete de 1000 pesos

El billete de mil pesos surgió, por tercera vez en nuestra “historia numismática”, en el año 2001 ante el inaudito e incontrolable aumento de moneda falsa de mil pesos. Estas últimas, aparecidas a mediados de la década de 1990, reemplazaron a su vez a un billete de 1000 que mostraba sobre sí el rostro de Simón Bolívar, bajo un fondo azul.

Así pues, y casi podría decirse por la “malicia” misma de un determinado grupo perteneciente al pueblo colombiano, Gaitán había terminado sustituyendo a Bolívar en un billete, cambiando, de paso, el azul rey por un pardo rojizo, cercano a un rojo moderado.

Claro que ahora, el billete de mil no vale (ni cuesta) lo que hace diez años. Es, en este tiempo, el de menor denominación, pero al mismo tiempo el más abundante. El que más se ve en los buses y cafeterías, en los bolsillos modestos y las billeteras menos gruesas. Es, por así decirlo, el billete más popular.

Durante la década de los sesenta (más exactamente a partir de 1965), comenzó a circular en Colombia la moneda de 20 centavos que llevaba estampada en una de sus caras el rostro de Jorge Eliécer Gaitán. Aparecía de perfil, bien peinado y con la boca cerrada. Esa fue la primera vez que el caudillo apareció en los bolsillos colombianos. Ahora, casi cuarenta años después, surge de nuevo por un homenaje que el Banco de la República desea concederle. Un homenaje a un caudillo liberal, asesinado en las calles bogotanas hace más de cincuenta años. Alguien que encarnó en sí una nueva forma de interpretar  “la voluntad popular”, poniendo el acento en la pequeña burguesía, dándole a su ideología un cariz de particular socialismo.1

¿Pero hasta qué punto logra este homenaje transmitir esa memoria que celosamente guarda un importante número de colombianos que vieron en él una esperanza de verdadera representación política, de modelo a seguir? ¿Qué es lo que realmente pretenden transmitir las imágenes estampadas en este billete? ¿Qué se recuerda y qué parece que se olvida?

Cara A

Destacan en esta cara las siguientes imágenes: la figura en primer plano de Jorge Eliécer Gaitán, el “pueblo”, de fondo, expectante y atento; y la balanza inscrita en una circunferencia. Voy a dejar de lado las dos frases ubicadas en el extremo superior izquierdo, así como en la firma, para centrar mi atención únicamente en las imágenes mencionadas.

 

Gaitán en primer plano, el pueblo tras él

Tomada de la página 339 del quinto volumen de la Historia de Colombia de la Editorial Oveja Negra ([s.f.]),2 destacan la boca entreabierta, el brazo derecho levantado –a manera de saludo a la multitud–, la mano derecha sosteniendo un sombrero que apenas se alcanza a ver, el brazo izquierdo pegado al cuerpo, pétreo e inmóvil; el pelo brillante y bien peinado, el rostro esbozando un gesto afectado, poco natural. Es un Gaitán bastante parco, elegante y bien arreglado, que no mira directamente a la multitud; es más, le da la espalda, quizá dirigiéndola hacia alguna parte o, tal vez, presentándola frente a algo o alguien.

Gaitán está sobre la multitud, más arriba, más grande, mejor enfocado (a pesar de ser el pueblo superior a sus dirigentes); no está entre ellos, no está rodeado por ellos. No se mezcla con el pueblo, no se confunde con él. Está sobre ellos, ocupando un primer plano generoso, cubriendo de paso a la gente a sus espaldas.

Por su parte, la gente observa curiosa hacia un lugar que parece acercarse al punto en el que se pierde la mirada del caudillo. Escucha, no habla entre sí. Esta imagen corresponde, precisamente, a una foto tomada de la manifestación del silencio, que dirigió Gaitán en Febrero de 1948 en la ciudad de Bogotá.3

La multitud está compuesta en su gran mayoría por hombres de sombrero y corbata, mestizos, de rasgos aindiados, acompañados a su vez por algunas banderas que se levantan a manera de estandartes. No son ya las banderas negras del luto por los muertos de la violencia partidista –como en aquella manifestación se demostró–, sino telas que más parecen hacer alusión a un apoyo sin escudos ni pancartas escritas; son sólo banderas, quizás del partido liberal, quizá, simplemente, telas levantadas sin mayor significado.

 

La balanza

Según la exposición en la Casa de la Moneda, el espacio ocupado por esta balanza estaba reservado a un pequeño micrófono. Según la misma fuente, buscaban a través de esta imagen hacer alusión a los viernes culturales, jornadas durante las cuales Gaitán  daba extensas conferencias sobre múltiples temas en el teatro que ahora lleva su nombre (ubicado en la carrera séptima con calle 24, en Bogotá). Pero, por razones que desconozco, este pequeño micrófono no se incluyó en la “versión final”, cediendo su espacio a una balanza que bien puede hacer referencia a la formación en derecho del caudillo liberal o bien a alguna consigna que Gaitán hiciera como una manera de buscar una mayor equidad al interior de la sociedad colombiana. No creo que represente la justicia que fue incapaz de aclarar, tras tantos años, los móviles claros y verídicos de la muerte del protagonista del billete.

 

Lo que faltó

Para finalizar con esta descripción y  sucinto análisis de la primera cara, considero pertinente mencionar uno de los objetos que no fue finalmente incluido en esta faz, y que sin embargo aparece presente en la exposición que presenta el Banco de la República en su Casa de la Moneda.4

El elemento que hace falta constituye un motivo que ocupaba parte del fondo del billete (en la versión que conoce el público, ese espacio se encuentra ahora en blanco; INSERTAR IMAGEN). El papel aparece allí sin adorno alguno, después de que se había pensado para él un pequeño y delicado dibujo de un racimo de bananos que, al repetirse, constituía un detallado tapete que representaba, según lo que se presenta en la Casa de la Moneda, toda la cuestión referente a la matanza de las bananeras y a la amplía labor que llevó a cabo Gaitán como abogado para darla a conocer.

CARA B

En esta otra cara del billete, son imágenes importantes el rostro de Gaitán, la muchedumbre tras su imagen y, debido a su ausencia,  una serie de elementos que no terminaron saliendo en el billete que ahora circula por el país.

 

Gaitán y la muchedumbre

Lo primero que salta a la vista al observar esta cara del billete es la gran cabeza del caudillo liberal. Viste, hasta donde se permite ver, con elegancia,  su pelo no presenta arrugas, su peinado no muestra imperfecciones. Mira al frente, pero no es una mirada que despierte resquemores ni rencillas, es una mirada parca, tranquila, como de quien escucha sin afán de interrumpir. Su nariz ancha apunta hacia abajo, no enseña las fosas, aquéllas que se abrían de par en par cuando daba sus largos discursos frente a las masas que se reunían a aclamarlo. La boca está cerrada, silenciosa (¿silenciada?), algo torcida, pero más por lo que parece ser un rasgo físico inherente al personaje, que un gesto intencional de desprecio o asco. Casi parece que fuera a sonreír, al verle la comisura de labios apretada de esa manera.

Los dientes no aparecen. Ya en la imagen de la cara anterior se esbozaban tímidamente. Aquí no aparecen, ni siquiera se sugieren en el gesto. Están ausentes, bien guardados.

Refiriéndose a los dientes de Gaitán, Braun los entiende como “símbolo de agresión”: “sus dientes eran símbolo de su personalidad: agudos, incisivos, caninos”.5 Así, de esta forma, se puede ver que el retrato que se presenta en el billete no invita en ningún momento a la agresión. No se muestra, ni siquiera, como un individuo agresivo. Tampoco bonachón y vivo, es sencillamente una imagen de billete más, en tanto quieta, aplomada y seria. Es un recuerdo estático que no tiene por qué hacerse mover.

Tras la enorme cabeza de Gaitán se ve, ya más numerosa, una muchedumbre que lo observa curiosa, sonriente, expectante y llena de esperanza. Compuesta por hombres y mujeres, la imagen muestra a un grupo de gente que, levantando la cabeza hacia la imagen del caudillo, atiende a quien parece que los representa.

Una vez más, Gaitán le da la espalda a su pueblo. Pero está vez, a diferencia de la cara anterior, se le percibe más unido a la masa que lo acompaña detrás. No obstante, continúa situado en una posición más alta, mejor enfocado y detallado, diferenciado de los demás.

 

Lo que faltó

Grande fue mi sorpresa al ver, en la Casa de la Moneda, que se tenía pensado incluir un pequeño dibujo al carboncillo que Gaitán había pintado en su adolescencia y en el que representaba una pietá. Y no sólo esto: estaba dentro de los planes rodear este pequeño dibujo con la dedicatoria que había escrito el caudillo en su tesis de grado de la Universidad Nacional de Colombia. Ésta rezaba así: “A mi madre: con el tributo pleno de mi amor ardentísimo a ella, faro en mis tinieblas, puerta en mis naufragios, cari-dad y bálsamo en el dolor cruel de mis heridas”.6

Una pietá y la referencia explícita a la madre. La mezcla perfecta para hacer de Gaitán una imagen mesiánica, un Jesucristo mártir colombiano. Afortunada o desafortunadamente, tanto la imagen como el texto se omitieron. Habría podido despertar sentimientos de añoranza demasiado fuertes. La sola idea de Gaitán como Salvador podría haber implicado la búsqueda de un culpable al que se le tildaría de “anti-Cristo”. Pero esto ya es un poco exagerado, no creo que un billete pudiera despertar un sentimiento que durante más de medio siglo ha sido domesticado.  Aunque sí considero que, no ya una reacción violenta, sí hubiera podido generar un malestar por la muerte del presunto enviado divino. Y además, y más peligroso de todo, habría sido una legitimación –demasiado sutil– del levantamiento del 9 de abril de 1948 –y días subsiguientes–, en tanto el pueblo habría reaccionado legítimamente ante semejante asesinato, siguiendo un poco su imaginario católico.

Pero, como mencioné desde el comienzo, estos detalles fueron omitidos. Así como aquel pequeño y delicado motivo que adornaba el fondo del billete (de forma semejante a como se explicó para la cara an-terior), que representaba una semilla germinando, imagen que aludía, según lo que se presenta en la Casa de la Moneda, a la idea de que Gaitán no murió en vano al dejar germinando muchas de sus ideas.

 

A manera de epílogo conclusivo...

 

La imagen que aparece del caudillo liberal despierta una sensación de parquedad, de calma, nunca de agresividad. La ausencia de sus dientes grandes y violentos, del sudor que le bajaba por la frente en la mitad de sus discursos, sus ojos desorbitados por la emoción; su cara de “indio” o de “negro”, con su pelo enmarañado y su voz invitando al pueblo a seguirlo. Se muestra, en cambio, un Gaitán frío, distante, en demasía serio.  Tieso, inmóvil, sobre un pueblo que ve en él su gran esperanza de mejoramiento de las condiciones de vida.

Además de esto, es importante decir que el billete está dedicado al Gaitán vivo, no al muerto. Es decir, no hace en ningún momento alusión al “Bogotazo” (aquí habría que preguntarse una vez más por qué omitieron el racimo de bananos, la pietá, la dedicatoria de la tesis y la semilla germinando); para ellos la vida de Gaitán no tiene nada que ver con su muerte. Gaitán no vivió su muerte, su muerte no fue vivida con Gaitán.

Considero que hay un intento consciente –por parte de aquellos que diseñaron el billete– de brindar una imagen viva de Gaitán. Un Gaitán que sea sinónimo de socialista utópico, de hijo del pueblo e incluso hasta del mejor político de la historia de Colombia. Pero nunca sinónimo del 9 de Abril, ni del vandalismo ni de la violencia que despertó su desaparición.

El pueblo que aparece acompañándolo es un pueblo tranquilo, reflexivo y curioso. No violento ni insatisfecho con el mal gobierno. Es, como el espectador del billete puede corroborar, un pueblo sin manos o, mejor dicho, de brazos caídos; tranquilo, con el aire amable del campesino gentil o del rolo bien educado. Y, además, silencioso, con la boca cerrada para poder escuchar mejor las consignas de su líder, estampadas en una de las caras del billete.

Un trabajo admirable de manipulación de imagen, de creación de imaginario a partir de la cotidiana presencia entre la gente. Bien lograda, muy sobria y lo suficientemente conciliadora para no despertar rencillas ni oscuras sospechas. Definitivamente un trabajo que vale más de mil pesos.

 

Notas

[1] Braun, H. Mataron a Gaitán. Vida pública y violencia urbana en Colombia. Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1987. Braun escribe: “Gaitán significó para un amplio y numeroso sector popular colombiano una nueva forma de entender la participación política en Colombia.[…] Él logró hacer que el pueblo se sintiera escuchado y representado en el gobierno nacional”. (p. 91)

[2] Según la exposición de la Casa de la Moneda.

[3] Foto tomada de: Historia de Bogotá, Tomo III. Salvat Villegas Editores, [s.f]. p. 65. Esta información la saque de la exposición en la Casa de la Moneda.

[4] Este era el plan original del billete, que se muestra en la exposición de la Casa de la Moneda, del Banco de la República, en la carrera 6ª con calle 11. (Fecha de visita: 12 de junio de 2003).

[5] Braun, H. Op. Cit. p. 158

[6] Esta información la tomé de la exposición de la Casa de la Moneda, en Bogotá.