La tiranía no descansa a pesar de sus rodillas de hueso. Reseña de Los moriscos de J. Nieto Gil

Por: Camilo Hortúa

Arte por: Camilo Hortúa

“La causa del desgraciado,
solo la desdeñan degradados corazones
que buscan su medro en la servidumbre del opresor
y en los despojos del oprimido”

 

Juan José Nieto Gil fue un político y militar colombiano nacido en una provincia de Cartagena en 1805 y reconocido históricamente como el primer presidente afrodescendiente. Su papel en la historia resalta porque es la única representación política en la silla presidencial que han tenido las negritudes; un poder que históricamente los ha invisibilizado. Con la publicación de su obra novelística se nos presenta otra faceta de Nieto: el escritor que utiliza la novela para denunciar las atrocidades de su tiempo. Los moriscos es una novela escrita en 1845 y considerada como la segunda novela histórica en Colombia y la primera en abordar el exilio[1].

El tema de la novela es la expulsión de los moriscos del reino de España en el siglo XVII a manos del rey Felipe III. La novela comienza con el destierro de los moriscos y concluye con su regreso, a pesar de las consecuencias que ello les acarreó. ¿Cuál es la relación entre este hecho histórico y el autor? Nieto utiliza este suceso histórico para compararlo con su presente y dictaminar la coincidencia de las causas políticas que empujan a los hombres al exilio.

En el caso de la expulsión de los moriscos, el rey Felipe III era manipulado por el duque de Lerma, Francisco de Sandoval Rojas y su hermano, el obispo Bernardo Sandoval, quienes lo persuadieron para que decretara la expulsión de los árabes del reino. Mientras que el otro hecho comparable sucede en el presente de Nieto durante la Nueva Granada: el general Tomás Cipriano de Mosquera ejercía el poder en cuerpo ajeno, ya que el presidente era su yerno, Pedro Alcántara Herrán, y, posteriormente, siendo presidente en 1845, su hermano Manuel José, sería arzobispo de la iglesia católica. El autor toma como pretexto el suceso histórico de los moriscos para denunciar el abuso de quienes detentan el poder para expulsar a sus opositores.

Nieto usa la comparación entre los dos tiempos para identificarse con el desarraigo de los moriscos: “Expulsado también de mi patria, por una de esas demasías de poder tan comunes en las conmociones políticas, era natural que muchas veces me identificase con los moriscos al dejar rodar mi pluma” (25). El autor fue expulsado a Jamaica al ser derrotado en la guerra de los Supremos (1839-1842), la primera guerra fratricida entre quienes defendían la causa centralista y quienes defendían la organización federalista, a la que este pertenecía. Durante su exilio en Kingston publica Los moriscos con el sentimiento de que su patria estaba siendo llevada al precipicio y el instrumento que tiene para denunciarlo es la novela.

La historia de la novela tiene un hilo conductor lineal y, de un capítulo a otro, la lectura se vuelve cada vez más gris, hasta llegar a un color parecido al de la tragedia. A pesar de que la historia ocurre siglos atrás y en una geografía distinta, es fiel tanto al presente de Nieto como a nuestro presente nefasto: de corrupción en el poder y maltrato hacia el desarraigado. La novela no tiene personajes centrales, quizá porque el autor quiso que el personaje principal fuera el pueblo morisco, quien es el que sufre la ignominia, la esclavitud y la persecución.

Por esa razón, la novela sirve como puente para comprender nuestro presente histórico. A lo largo de la lectura no dejé de pensar en varios sucesos recientes. La crisis humanitaria de la migración de venezolanos aparece con frialdad, transfigurada en la novela, en el viaje que hacen los moriscos en barco hacia las costas del norte de África o su divagar en el desierto a merced del sol inclemente y de los bárbaros. Un viaje que tienen que hacer a la fuerza para sobrevivir y, por si fuera poco, al ultraje que es abandonar el hogar y sus posesiones, se suma la ferocidad de la naturaleza que los empuja hacia la tragedia:

Nuestras entrañas estaban quemadas por la sed, alteradas con la fatiga, los ardores del sol y las arenas abrasadoras del desierto; se nos habían tostado las fauces y apenas podíamos articular una palabra apagada y seca que era imposible de entender. El sudor y los orines de la gente y de los animales nos parecían el más refrigerante brebaje que tragábamos con un ansia devoradora. Hasta de necesidad nos era el llanto, nuestras lágrimas nos servían para humedecer los labios (p. 65).

Me detuve a pensar en lo que había leído en estas líneas y concluí que suceden una a una las desgracias a los desposeídos, predestinados a seguir sufriendo bajo el signo de la desgracia, a cargar el lastre de la injusticia de quienes en lo alto del poder hacen el mal, ya sea tras una máscara liberal o conservadora en los tiempos de Nieto, o tras la égida de la democracia capitalista de nuestro presente. Mi tiempo, el tiempo de Nieto y el tiempo de los moriscos son uno solo. No hay diferencias.

En estas pausas de la lectura también aparece el exilio. La mayoría de las veces por razones políticas, el exilio es un viaje que obliga a la persona a guardar en su maleta las pertenencias más valiosas y emprender esa búsqueda de la vida en otro lugar ajeno, desconocido. El consuelo con que cuenta el exiliado -si existe algo parecido- es la lengua común al lugar donde llega y, si no existiera, sería un soliloquio que devendría en angustia. El anhelo por el hogar, el recuerdo de la familia y las luchas políticas se suspenden en el pasado, y volver a este hogar adquiere la forma de resistencia que desafía al poder. Los personajes de Los moriscos vuelven a su patria y enfrentan las consecuencias de desobedecer al rey. De la misma manera, Juan José Nieto vuelve a Colombia después de cinco años de exilio y, tiempo después, se convierte en presidente provisional en el año 1861 para darle vía al segundo periodo presidencial del general Tomás Cipriano de Mosquera. Ambos fueron contrincantes políticos pero la adhesión de Cipriano de Mosquera hacia la causa federalista hizo que Nieto luchara a su lado. ¿Será que nuestro célebre autor sintió aquello que los moriscos sintieron al regresar a su patria?

Para concluir, la novela aparece publicada por segunda vez después de 175 años de ser escrita. Nieto llevó una copia de la novela a la Biblioteca Nacional y allí quedó depositada, hasta que los profesores Iván Padilla y Óscar Zabala de la Universidad Nacional rescatan esta obra del archivo empolvado. Esta vez Los moriscos es publicada por una joven editorial independiente llamada Filomena Edita y sale a circulación al final del año 2019 para darle un justo lugar a su autor en la historia de la literatura colombiana. A pesar de ser pequeño el catálogo de esta editorial, en ella resalta el esfuerzo de una búsqueda arqueológica que quiere dar luces sobre nuestro presente histórico; no como quien sabe que el descubrimiento de una piedra antigua cuenta los secretos del pasado, sino como decía la poeta polaca Wislawa Szymborska: ya no se necesitan dioses de piedra, ni ruinas con inscripciones para que la mentira brille en nuestras huellas de sangre.

 

[1] Zabala, Oscar. “Los moriscos” (1845) de Juan José Nieto: una novela colombiana en el exilio. En: Los moriscos. Editorial Filomena Edita, Bogotá, 2019.