canta el ave la brisa entre las ramas
canta el río la niebla y la montaña
canta el hombre
la brisa, el río, la niebla de su alma

y cómo canta el hombre que ha olvidado el canto
cómo, si a todo lo ha nombrado con palabras.
un pájaro es para el hombre la palabra pájaro
a su vez hecha de las palabras pluma, pico, ala

para el hombre, el silencio es la palabra que se dice
cuando desaparecen las demás palabras.
es por eso que con la palabra que dice, calla
porque detrás de una palabra hay otras que no hablan
(tras la palabra silencio acechan todas las palabras)

las palabras no llegan a ser el canto del hombre
porque las palabras niegan la realidad de la que hablan
son la incapacidad que tenemos de ser parte del mundo
el recuerdo doloroso de que la vida no está hecha de palabras

todo a lo que las palabras aspiran es a la mentira
y si no, que alguien calme su sed con la palabra agua
que alguien descanse sobre la palabra cama
que alguien, con la palabra fuego, encienda una llama

si no hubiera nombre para el dolor
si bastara con declarar en voz alta la alegría
si para llamarnos no fuera necesario nuestro nombre
si las definiciones no estuvieran precedidas por su palabra

entonces, quizá, el hombre recordaría lo que es el canto de su alma

pero nuestro tiempo (otra de tantas inútiles palabras)
ha sido construido y levantado sobre un discurso antiguo
vale preguntarnos por los cimientos sobre los que se ha alzado nuestra vida
y declarar la guerra a las palabras

preguntarse si el dolor es el dolor de todos los hombres
y si a su vez es mi dolor, porque yo soy hombre
si la palabra dolor basta para hablar sobre mi llanto
y si la palabra llanto basta para dibujar la tormenta que hay en mí

y si para nombrarme uso la palabra hombre
porque siempre me llamé de esa manera
preguntarme si soy algo distinto de la palabra mujer
o si mujer y hombre son para mí una misma cosa

y la alegría que llena el aire cuando estoy alegre
¿acaso tiene algo en ella que pueda nombrar con la alegría?
prefiero hacer evidente el engaño que me cerca
y escribir otras cosas sin nombrarla

escribir, por ejemplo, que alguna vez estuve bajo la lluvia
que el amanecer todavía no llegaba
que el cansancio comenzaba a embargar mi cuerpo
y que sudaba en medio de la selva que nos abrigaba

y luego engañar a la palabra selva y al amanecer
decir que el cansancio es algo distinto al cansancio
y que la palabra sudor emigraba inútil de mi palabra cuerpo
hacia las curvas de tu palabra cuerpo

decir, mintiendo sin pudor alguno,
que me vine sobre la tierra como la lluvia
alimentando las raíces de la selva
haciéndome tallo, ramas y hojas bajo el sol

engaño, entonces, la mentira:
la palabra hombre no puede ser la palabra lluvia
y menos aún puede la felicidad, en ningún diccionario
ser sudor que se evapora en la mañana

por eso, mi única guerra es contra las palabras
me enfrento con ellas a diario, las desgarro en el silencio
y hurgo entre sus vísceras en busca de aquel canto
que sabré reconocer porque contigo lo he encontrado

canta el ave la brisa entre las ramas
canta el río la niebla y la montaña
canta el hombre la mujer y la mañana
su brisa, su niebla, su montaña.